El Presidente en su laberinto:

Obama

Un reportaje de Reuters da cuenta del proceso que habría llevado a los eventos del 17 de diciembre pasado, cuyo impacto en las relaciones Cuba-Estados Unidos es imposible pronosticar. Armado con información fragmentaria, de varias fuentes, es probablemente una aproximación parcial a una parte de una historia mucho más rica y compleja, contada mayormente por una de las partes y matizada por las inferencias de los autores.

Tiene probablemente la virtud de ser el primer intento de abordar el proceso, al menos en lo referido a las opciones y tribulaciones de la administración norteamericana. Es de esperar que muchos otros intentos vayan ayudando a armar este rompecabezas, que con toda certeza haría un buen guión cinematográfico.

Es por esa cualidad que lo ofrecemos a los lectores, aún cuando es sólo parte -probablemente en algún grado infiel- de una más grande historia.

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Gerardo Hernández: ¿Culpable de la acusación? Alan Gross: ¿Inocente como reclama?

Gerardo y AdrianaAlan Gross

Stephen Kimber es un escritor, periodista y profesor universitario canadiense, que viajó a Cuba como turista en la primavera de 2009. Su propósito: Escribir una novela de época inspirada en  la geografía, historia y cultura de la isla.

Al conocer, casi accidentalmente, de la relación entre un viaje de Gabriel García Márquez a los Estados Unidos y el posterior arresto de los Cinco; su propósito cambió y la novela se convirtió en el libro “Lo que acecha del otro lado del agua”. Es el libro que cubre más veraz y completamente la historia del caso. Es el resultado de un minucioso y profundo estudio de los documentos legales y de un rigor ejemplar en la búsqueda de los hechos.

Hasta el día de hoy no he conocido la filiación política de Kimber. Sólo sé que lo considero un amigo, un hombre muy honesto, y uno de los que mejor conoce del caso de los Cinco. De su conocimiento de la historia se valió para escribir este artículo.

 Stephen Kimber

 Debería ser fácil hacer un trato. Un contratista norteamericano de la USAID, de 65 años, llamado Alan Gross, está sirviendo una sentencia de 15 años en una prisión cubana por entrar de contrabando sofisticado equipo de telecomunicaciones en Cuba. Los oficiales cubanos dicen que están preparados para discutir su suerte sin precondiciones como un gesto “humanitario”. Pero es también claro que lo quieren canjear por tres miembros la red de inteligencia de los Cinco todavía en prisión en los Estados Unidos.

 Existen precedentes para tal canje.

En 2010, Washington actuó rápidamente para intercambiar a 10 agentes encubiertos rusos por cuatro hombres a quienes el gobierno de Rusia había apresado por “contactos ilegales” con Occidente. También está el ejemplo de Israel. En 2011, Israel liberó a más de 1000 prisioneros palestinos para lograr la liberación de Gilad Shalit, un soldado israelí capturado por Hamas cinco años antes.

Y más – todavía tras una carta en noviembre de 2013 firmada por un grupo bipartidista de 66 senadores urgiendo al presidente Obama para que “actuara expeditamente para tomar cualquier paso en el interés nacional para obtener la libertad de Gross”- la administración se niega a negociar.

¿Por qué? Tres palabras: Castro, Cuba, asesinato.

Aun para aquellos que pueden sobreponerse a los dos primeros, el tercero es a menudo, comprensiblemente, un freno al cambio.

En 2001 Gerardo Hernández, el líder de los Cinco, fue acusado y convicto de “conspiración para cometer asesinato” en conexión con el derribo en 1996 de dos aviones civiles sobre el estrecho de La Florida, que resulto en las muertes de cuatro hombres. Fue sentenciado a dos cadenas perpetuas más 15 años en prisión.

¿Cómo pueden los Estados Unidos intercambiar a un hombre convicto por conspiración para cometer asesinato por alguien sobre quien el Departamento de Estado continúa insistiendo en que no hizo nada malo?

Vale la pena desempacar ambas partes de tal noción convencional.

Comencemos por el caso de Gerardo Hernández.

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Cuba, la luna llena y el hombre lobo

Como parte de su serie de editoriales relativos a la relación con Cuba, el New York times acaba de publicar el que sigue, en que se hace una disección de políticas que solo han llevado al aislamiento al gobierno norteamericano. Tales políticas recuerdan la definición de Wayne Smith: “Cuba hace en el gobierno norteamericano el mismo efecto que la luna llena en el hombre lobo”.

El juicio de los Cinco fue un zarpazo de ese ente frenético. ¿Cuántos más lanzará antes de volver a la razón y establecer una relación respetuosa con Cuba? Se diría que tales formas de “traernos la democracia” delatan cierta inseguridad en los gobernantes norteamericanos respecto a la superioridad de su sistema y su capacidad de convencernos de ella.

Salvando las amplias distancias que nos separan del consejo editorial del periódico, y conscientes de los riesgos ocultos tras muchas de las epifanías que se han operado repentinamente en el debate político del vecino; nos preguntamos si no es hora de que podamos, de manera pacífica, dirimir en el campo de las relaciones respetuosas la porfía sobre qué sistema es mejor para el futuro de Cuba.

Ojalá y un día podamos contemplar la luna a ambos lados del Estrecho de la Florida sin que el efecto no sea otro que la subida de la marea. Continúa leyendo Cuba, la luna llena y el hombre lobo